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-GRUSTÁN (Cont.)- |
Entrar en el templo causa una extraña sensación. Hay suficiente luminosidad proporcionada por sus ventanales como para apreciar la dejadez a la que se halla sometido. Restos de vandalismo con grafitis por doquier, escombros, una improvisada leñera... Y por supuesto la mesa del altar demolida en busca de un hipotético tesoro.
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La cabecera del templo muestra un amplio cilindro absidal construido en buena piedra sillar y centrado por ventanal de doble derrama. Imposta biselada parcialmente oculta por decoración de moldura de escayola de reformas posteriores en sus laterales. Por encima, bóveda de cuarto de esfera de correcta ejecución que conserva pinturas modernas en que aún se advierten imágenes de los Padres de la Iglesia y el Espíritu Santo (Imágenes 1 a 3).
La nave es de notable altura, proporcionalmente corta, y ampliada por estructura añadida a base de coro, sotocoro y escalera de caracol. Cubre con bóveda de medio cañón apuntado en el que destaca un fajón apeado en sendas impostas, columnas y sus basas áticas, parcialmente enmascaradas por escayola posterior (Imagen 4).
Bajo el coro, una capilla cubierta de medio cañón, moderna, que luce polícromas pinturas de estilo popular, centradas por un sol radiante y expresivo (Imágenes 5 y 6). Mediante escalera de caracol de muy buena hechura pero montada en cilindro de mampostería (Imagen 9), se accede al coro, con decoración pictórica multicolor; que a pesar de ser de mano de escribidores de grafitis, no deja de tener su armonía modernista en colorido y diseño (Imagen 8).