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- BUISÁN - |
La imagen 1, de Adolfo Castán, muestra el interior del templo, antes de venirse abajo. Era de nave única rematada en cilindro absidal cubierto por bóveda de cuarto de esfera apuntada. Por delante, presbiterio también apuntado y el arranque de la nave, de distinta hechura que el resto de la misma, marcando diferencia incluso su anchura diferente, menor que la del resto de la nave, realizada probablemente por otro equipo menos experto Ver planta de A. Castán). Una imposta biselada recorre la cabecera y primer tramo de la nave, delimitando paramentos verticales y bóvedas.1
En las imágenes 2 a 4, detalles actuales del interior del muro sur y de lo que resta de la cabecera. Ha desaparecido por completo el presbiterio (Imagen 3) dejando una banda oscura a través de la que se ve el relleno del muro. El vano interior de la portada permanece en pié, al contrario que su exterior que ya estaba semiarruinado en las imágenes previas a 1990 (Imagen 5). Constaba de tres arquivoltas lisas, apeadas en recia imposta corrida sin decoración alguna y todo ello enmarcada por guardapolvo.
A poniente del templo, y junto al caserío, la fuente pública (Imagen 6), con una graciosa cara de influjo arcaico a cada lado. El grifo que sale de su boca vierte agua, así como los abundantes agujeros de su alrededor. No por ser moderna se libra del paso del tiempo.
Cuando una nueva generación, más culta y sensible que las precedentes, pida cuentas de por qué no se intervino a tiempo para evitar lo que muestro, quienes debieron de haberlo impedido ya habrán desaparecido o estarán tan ruinosos como el propio templo.
Ya será (como magistralmente describió Cela en "Mazurca para dos muertos") "El muerto que mató a mi muerto".