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- MORCAT -(Cont.)- |
Al interior el templo transmite un abandono y una soledad absolutas. Algún banco roto, restos del confesonario a los pies de la nave, ovejas mueras y estiércol componen la escena del lugar desde donde en algún momento de nuestra historia a buen seguro se gestó la bajada al llano y la reconquista del territorio a los islámicos.
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Tiene planta basilical de tres naves rematadas en sendos ábsides, a excepción de la central en que se erigió una cabecera plana en época posterior. Intercomunican las tres por medio de amplios vanos remontados por arcos formeros de medio punto que dividen la nave en tres tramos.
Un fajón separa el primer tramo del segundo, apeando en pilastras adosadas al interior del primer pilar (Imagen 2).
El abside norte, oculto tras el "azulete" al igual que el crismón, muestra el arco dovelado de su ventanal, al haber caído parte del revoco que lo tapaba (Imágenes 3 y 4).
También los desprendimientos de materiales apuestos nos permiten hacernos una idea clara de cómo apeaban las arcadas de segundo y tercer tramo de la nave (Imágenes 5 y 6). Estrechos pilares sustentaban capiteles sencillos, formados apenas por una gran losa, en la que apean los arcos formeros.
Aramendía opina que el revestimiento de los pilares para darles mayor resistencia al empuje pudo deberse a la conversión de un tejado original de maderamen en una bóveda de medio cañón; pero también pudo haberse realizado para sustento del coro erigido a los pies del templo (Imágenes 7 y 8).
La pila bautismal, junto con el elaborado soporte de la misma, se trasladaron a Arcusa, donde ya la vimos.
La vuelta la realicé por la carretera de la Guarguera, en dirección oeste, rebasando el puerto de Serrablo. Carretera muy agradable, para no tener prisa, pues sus curvas y los pueblos existentes en su entorno, así lo aconsejan. En el último tercio de la misma, existe una explotación de grava, con salida de camiones, que como siempre, sueles encontrar en la curva más estrecha. Precaución.
Paré a comer en el restaurante Portal de Serrablo, tras la gasolinera del Hostal de Ipiés: Pisto de calabacín, trucha a la navarra; cuajada con miel, café y cerveza sin: 8,35 €. Me sorprendió agradablemente la calidad del menú, delicioso a pesar de su aparente sencillez y la rapidez en el servicio. (31 de Julio de 2003).