LA GUÍA DIGITAL DEL ARTE ROMÁNICO

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-SALAMANCA-CATEDRAL VIEJA DE SANTA MARÍA DE LA SEDE-



UTM 30T 275605 4537794 800 m.

(SALAMANCA)

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La Catedral Vieja de Salamanca se levanta sobre la Peña Celestina, al sur del viejo recinto fortificado medieval, dominando la margen derecha del Tormes y frente al barrio de la Puerta del Río que daba acceso a la Vía de la Plata. Era una zona de propiedad episcopal habitada por francos desde antiguo. En el S XII, Salamanca contaba con una decena de parroquias en las que se fueron integrando los diferentes grupos de pobladores procedentes de tierras de Castilla, Toro y Braganza, así como del otro lado de los Pirineos. Los mozárabes se asentaron extramuros, junto al río, y los judíos junto al alcázar.

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En 1102, don Raimundo de Borgoña y su esposa la infanta doña Urraca, concedían al obispo don Jerónimo de Périgord las iglesias y clérigos de Salamanca y Zamora, aceñas, sernas, pesqueras y el diezmo de todos los frutos para la restauración de la iglesia de santa María. El documento fue confirmado por Alfonso VI, Alfonso VII y Fernando II. Parece ser que la catedral románica fue restaurada a partir de un templo visigodo o altomedieval, tal vez de la época de Ramiro II durante la primitiva población. Hay autores que consideran la restauración, como el restablecimiento del perdido culto mariano por las invasiones árabes.

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La obra gozó de amplias prerrogativas edilicias desde mediados del S XII, coincidiendo con una etapa de cierta prosperidad por parte del cabildo. Las primeras obras parecen datar del episcopado de Berengario (1135-51).La seo charra recibió numerosas y substanciosas donaciones de Alfonso VII, en 1152, de Fernando II en 1183 y de Alfonso X en 1199. Además de las realizadas por numerosos particulares laicos y eclesiásticos a lo largo de la segunda mitad del S XII, incluyendo ornamentos litúrgicos y materiales suntuarios. Las obras comenzaron por el ábside mayor. En 1161 se había comenzado ya el claustro, que estaba casi terminado en 1178. Se data en 1175 la construcción de los muros altos del crucero. Aún en el SXIV, el Obispo Alfonso de Barasaque fundaba una cofradía e indicaba la imperiosa necesidad de atraer limosnas para hacer frente a la finalización de los trabajos. Inicialmente tenía aspecto defensivo, rematado por parapetos y almenas (aún se conservan algunas). Además de la torre de campanas tenía otra llamada torre mocha , con aposento para un alcaide, que en ocasiones sirvió de asilo y baluarte a rebeldes y desleales a sus reyes. Por ello se la conoce como “Fortis salmantina”.

Poco se sabía de los constructores, aunque se citaba, entre otros, a un tal Pedro de la Obra, Raimundo de Monforte de Lemos , Florín de Pituerga , Casandro Romano y Alvar García .El estudio realizado por Julio González , le llevó a la conclusión de que durante el SXII fueron cuatro maestros los que intervinieron en la obra:1) el maestro de la planta (el más románico y al que se le debería la planta y la cabecera); 2) el salmantino Pedro Pérez, maestro de la Torre del Gallo; 3) magíster Petrus o maestro del claustro; 4) y el maestro Juan, autor de las bóvedas más occidentales, de las torres y de la sala capitular.

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Afortunadamente, es uno de los rarísimos casos en España que al construir la catedral nueva no se consideró necesario derribar la Seo vieja. Se adosó a la Vieja, más para ello desapareció el brazo norte del crucero y la nave del Evangelio y su ábside correspondiente quedaron mermados, hecho que se advierte no sólo en planta sino a simple vista. Permaneció como Sagrario y Parroquia de la nueva fábrica.

La imagen que permanecerá imborrable, es la que se contempla desde el recoleto y encantador Patio Chico. El alma del amante del románico, del arte o de la belleza , siente una emoción que inunda todo su ser, muy difícil de describir con palabras. De manera inconsciente se sienta en los bordes de los arriates que hay frente a la cabecera, en silencio queda absorto en esa visión y pierde la noción del tiempo (Imagen 1).

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El ábside central, de sillería arenisca del color dorado característico de las canteras de Villamayor, posee tres paños, separados por semicolumnas adosadas que rematan en capiteles vegetales a la altura de la cornisa. Cada lienzo está perforado por un vano de medio punto. Horizontalmente presenta una imposta taqueada en la base de las ventanas, idéntica a la de la cornisa (Imágenes 2, 3 y 4 ). Las ventanas son abocinadas con derrame exterior. Se decoran con roscas de billetes y tacos cilíndricos que parten de cimacios lisos con perfiles de listel. Sus chambranas son también abilletadas (Imágenes 5, 6 y 7) .

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Los capiteles, finamente labrados, presentan motivos vegetales con roleos, grifos afrontados, centauros, máscaras que vomitan tallos por sus bocas, y bichas cuyos cuerpos están entrelazados (Imágenes 8a, 8b, 8c, 8d, 8e y 8f).

 Por encima de la cornisa se dispuso un antepecho o balaustrada con tetralóbulos tardogóticos calados prolongado por el cuerpo superior del crucero. Bajo el antepecho y sosteniendo la cornisa, una serie de canecillos con decoración vegetal de hojas de acanto que se vuelven sobre sí mismas acogiendo una baya esférica (Imágenes 9, 10 y 11). Sólo uno de ellos se decora con una cabeza antropomorfa (Imagen 12) .

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El ábside del Evangelio queda absorbido por la catedral nueva y sólo se advierte parte de su fábrica. El del lado de la epístola posee una distribución similar a la capilla mayor. Carece de semicolumnas y tiene una ventana central (Imagen 13).

Al elevar la mirada nos encontramos con la imagen emblemática de la catedral vieja y del cielo de esta ciudad, la Torre del Gallo, nombre con el que los salmantinos bautizaron al hermoso cimborrio que se alza sobre el tramo central del crucero, a causa de la veleta de hierro que lo remata y que reproduce el perfil de un gallo. Su autor, Pedro Pérez, inicio su construcción tras peregrinar a Tierra Santa, lo que explica el cambio de rumbo experimentado en las obras (Imagen 14).

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La maravillosa y original Torre del Gallo, al exterior, presenta planta cuadrangular a dos niveles, flanqueada por cuatro torrecillas cilíndrincas en sus cuatro ángulos y lucernarios o glabetes en el centro de cada lado. Las torrecillas poseen también dos niveles y se cubren con chapiteles cónicos escamados, rematados en bola. Las ventanas del primer nivel carecen de moldura. Las superiores se adornan con bolas. Por encima de los ventanas existen unos huecos perforados a modo de columbarios (Imagen 15). También los lucernarios se plantearon a dos niveles, con triple ventana en cada uno de ellos. Se rematan con un frontón abocelado de piñón en cuyo centro se dispone una roseta octopétala sobre triples arquerías ciegas. Los capiteles poseen un sabor cisterciense , con carnosas hojas de acanto rematadas por bolas y ábacos dados cuadrangulares en las esquinas (Imagen 16). El cimborrio culmina con ocho paños de imbrices pétreos y en las aristas canes con bolas o perfiles circulares perforados. Lo corona el célebre gallo de bronce sobre bola.


 

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