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-TAUSTE-ERMITA DE SAN ANTÓN-(Cont.)- |
Pero la agradable sorpresa, inesperada, fue encontrarme cara a cara con el más genuino arte del Maestro de Agüero en forma de capiteles recuperados del templo primitivo, y recolocados por los muros del templo, sobre recios vástagos de hierro de armar encofrados. Las imágenes 1 y 2 muestran la firma de autenticidad del Maestro de Agüero: Su bailarina. A pesar de haber sido seccionado y faltar el brazo izquierdo de la contorsionista, lo que resta es de una gran calidad; de similar hechura a lo visto en Agüero, San Pedro el Viejo, Biota, El Frago... Respetando las características generales del taller del Maestro de Agüero, llama mi atención la cuidada elaboración de las palmetas del fondo de la escena, que asoman tras la bailarina, un poco al estilo de lo hecho en San Pedro el Viejo de Huesca; más elaborado y por tanto más tardío y ya alejado de la primera bailarina que vemos en Agüero, más ruda de hechuras y sin decoración tras ella. En esta ocasión danza al son de un arpista sentado en elaborado escaño.
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Otras piezas muestran palmetas de apeo de arquivoltas, que se intercalaron entre capiteles (Imagen 3). Hay un fragmento superior de otro capitel (Imagen 4) que muestra a un personaje en la esquina, al que sendos monstruos atrapan por los brazos. Probable alegoría del pecado, del mal en general, que destruye a la persona. Su margen superior se decora a base de motivos florales geométricos tetrapétalos.
Hay recogidas a lo largo de los muros del templo varias estelas funerarias, algunas con bonita decoración geométrica todavía con su policromía original (Imágenes 5 a 7).
Otros motivos decorativos de la que fue portada original se muestran en las imágenes 8 a 10. En general típicos del Maestro de Agüero, con algunos detalles de decoración evolucionada, tardía, como las flores del cimacio de la imagen 8. En el muro sur, frente a la actual portada, se conserva una zona de pintura que representa la porción superior de un Pantócrator, bajo hilera de escudos. Sus rasgos lo encuadran en la tardía época de la restauración del templo.
Templo, pues, muy interesante, por cuanto coinciden en él varias corrientes del Arte Románico Aragonés: la obra del Taller del Maestro de Agüero, el Románico de Ladrillo y la transición hacia el mudéjar aragonés. Algo así como "el eslabón perdido" que aglutina estilos y tendencias de finales del XII y principio del XIII, abriéndose a las nuevas tendencias artísticas.